Facebook, Twitter, Xing, LinkedIn, Foursquare, Dopplr... vivimos inmersos en un mar de redes sociales, quien más quien menos con cuenta en varias de ellas, incluso sincronizadas. Hoy en día los vecinos del barrio viven dispersos por todo el país... o el planeta.
Pero un uso demasiado alegre de las redes sociales puede traer problemas de privacidad que desemboquen en algún incidente grave.

Imagen del genial Mauro Entrialgo, publicada en Diario Público
Una de las mayores fugas de datos privados se produce cuando se usan las redes sociales para comunicar tu ubicación. Es muy habitual comentar a dónde te vas de vacaciones en Facebook o dónde estas comiendo en Twitter. Peor aún son opciones como Foursquare o Dopplr, que se basan específicamente en ubicar a cada usuario en tiempo casi real. ¿Y de verdad es tan difícil que ocurra lo que se muestra en la tira de Mauro Entrialgo?
A partir de cualquier nombre o nick usado en una red social se puede tirar del hilo hasta encontrar muchos datos personales. A través de un nick en Twitter se puede llegar, por ejemplo, al perfil de Facebook, donde es posible encontrar el nombre real, o incluso dirección o teléfono. A veces, estos datos están publicados directamente en la página web de la persona, y a su vez su página web está publicada en su perfil de las redes sociales, haciendo que localizar su domicilio sea aún más sencillo. En muchas de estas redes se cuelga el CV o se publica en algún momento concreto, y en el CV también se suelen poner los datos personales. Si se usa el mismo nick en distintos sitios un intruso podría localizar a una persona en eBay y hacer una compra falsa para obtener su dirección completa o número de cuenta corriente.
Incluso siendo muy celosos de nuestra intimidad, usando los "permisos sólo a mis amigos" y similar, nadie puede controlar incidencias como robo de cuentas a amigos, o publicación de fotos etiquetadas donde se muestre algún detalle que ayude a la localización.
Creo que es cuestión de tiempo que las bandas organizadas que asaltan viviendas empiecen a usar este filón para localizar potenciales víctimas.
El peligro más evidente de publicar la ubicación en tiempo real es el asalto a viviendas vacías, o incluso el atentado directamente contra personas por motivos sexuales, políticos, xenófobos... pero no me extrañaría ver en poco tiempo otro peligro: los timadores.
no nos deberíamos fiar de alguien sólo porque tenga nuestro número de teléfono o conozca datos "personales" como en qué instituto estudiamos o a qué nos dedicamos
Antiguamente, un timador debía estudiar a la víctima al vuelo, en unos segundos, y decidir si atacar. Ahora, puede elegirse con calma, desde casa, en una suerte de catálogo de primos online. Se puede localizar al incauto que suele salir de casa con bastante dinero porque nunca usa tarjeta, o con una cámara de fotos de gran valor, o que es habitual de las casas de apuestas... cuando los chicos malos descubran el data minning vamos a presenciar un resurgimiento de esa raza de timadores al por menor.
Supongo que no tardaremos en ver /noticias sobre un nuevo tipo de phising (¿qué nombre le darán? ¿quién pone esos nombres?): si una persona se va a casar en Medina del Campo y una semana después se va a ir de viaje de novios a Thailandia, y recibe el día antes de la boda una llamada a su móvil particular de su agente de viajes solicitándole los datos de su tarjeta de crédito de manera urgente porque ha habido un problema en su pasaje, ¿quién no se los daría? Y si una joven recibe un email de, supuestamente, el guapo de su clase de primero de bachillerato recordándole alguna anécdota de aquella época e instándola a una cita solitaria, ¿sospecharía algo o acudiría convencida de que se trata de aquel viejo conocido?
Y no hay problema en ello. A punto de entrar en la segunda década del siglo XXI, sería estúpido dar de lado a las redes sociales por estos motivos, tanto como lo sería no salir de casa porque existe el peligro de ser atracado a punta de navaja. Las redes sociales son hoy en día la nueva plaza del pueblo, los nuevos mercados, los lugares donde se inician, fraguan y rompen amistades, lazos y a veces amores, y no se puede ser ajeno a ellas.
Sin embargo, conviene protegerse tomando algunas medidas de prevención sencillas; por ejemplo, no poner notas como "estoy en la playa", es mejor esperar a volver y escribir "acabo de volver de la playa". Si se quiere pedir consejo para alguna futura escapada, tener cuidado de no dar la fecha del viaje. A nuestros amigos no les importa que les informemos de todo al instante, y nos perdonarán que lo hagamos unas horas o unos días más tarde, pero estos gestos ayudarán a protegernos un poco.
Se debe tener cuidado también con quién permitimos que vea nuestras participaciones. Sitios como Twitter apenas permiten controlar quién nos lee, salvo si se cierran los twitts, mientras que otras redes sí nos permiten un mayor control sobre quién se entera de qué. No es sólo por el peligro de un robo o una agresión, es proteger tanto nuestra integridad como el derecho a la intimidad de nuestros conocidos.
Además, hay que tener en cuenta que cualquier persona podría haber conseguido nuestros datos de muy diversas formas, por lo que, al igual que hacemos en la vida real, no nos deberíamos fiar de alguien sólo porque tenga nuestro número de teléfono o conozca datos "personales" como en qué instituto estudiamos o a qué nos dedicamos.
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